miércoles, 9 de mayo de 2018

Santa Cecilia tocando el laúd (1609-1612)



Mujer tocando el laúd

Autor: Artemisia Gentileschi
Fecha: 1609-1612
Material: Oleo sobre lienzo
Estilo: Barroco Italiano
Museo: Galeria Spada
Durante el barroco en general, y dentro del naturalismo tenebrista en particular, el tema de la música y su relación con los sentidos corporales fue muy importante. La interpretación musical solía aparecer representada con laúdes, símbolo de los conciertos cortesanos, celebrados en palacios de nobles cultivados, quienes al tiempo que patrocinaban las bellas artes eran grandes aficionados a la música. Temas similares al que aquí aparece lo podemos encontrar en Caravaggio, en Georges de la Toury en otros pintores del Barroco en la vía del tenebrismo. Lo que resulta destacable en la obra de Artemisia es el hecho de elegir a una mujer como la intérprete musical. Esto sorprende dado que el pintor de quien aprendió la técnica, Caravaggio, solía emplear a hombres como intérpretes. El cambio podemos atribuirlo a los propios recursos pictóricos de su padre, Orazio, y a la tendencia de la propia pintora a utilizar figuras femeninas como protagonistas de sus lienzos.
Fuente: artehistoria

Judith y su sirvienta (16718-1619)



Judit y su doncella (1618-1619)

Autor Artemisia Gentileschi, Hacia 1618-1619
Técnica Óleo sobre lienzo
Estilo Barroco
Tamaño 114 cm × 93,5 cm
Localización Palacio Pitti, Florencia, Italia   

Judit y su doncella (en italiano, Giuditta e la sua ancella) es un cuadro de la pintora italiana Artemisia Gentileschi. Fue realizado hacia 1618-1619. Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo, que mide 114 cm de ancho por 93,5 cm de ancho. Actualmente se conserva en la Galería palatina del Palacio Pitti de Florencia (Italia).

En esta tela, de tono marcadamente caravagista, las dos figuras femeninas de Judit y de Abra, su doncella, están representadas de cerca, con un encuadre estrecho; están inmersas en las sombras, iluminadas por una luz como de una vela, que viene de su izquierda.
Después de haber pintado la cruenta Judit decapitando a Holofernes, hoy en el Museo de Capodimonte en Nápoles, Artemisia regresa, con este cuadro de gran intensidad dramática, y de gran sabiduría narrativa, a la historia de la heroína bíblica que mata al general del ejército enemigo.
El lienzo muestra el instante en el que las dos mujeres se preparan para dejar la tienda de Holofernes, con el temor de ser descubiertas por los soldados asirios. Abra sostiene, como si fuese la colada, la cesta en la que han depositado la cabeza cortada de Holofernes. Judit aún empuña, apoyándola en su espalda, la espada con la que ha realizado su venganza hace poco; con la otra mano, posada con un gesto cómplice sobre la espalda de la doncella, parece quererla contener, como turbada por un rumor exterior.
El cuadro se coloca entre las mejores obras de Artemisia Gentileschi. Es soberbia la tensión del rostro de Judit, marcada por una mirada preocupada que se vuelve hacia la salida de la tienda y de un mechón de cabellos que se escapan de su refinado peinado.
Se pone un cuidado minucioso en la representación de la empuñadura de la espada y de las joyas que adornan a la heroína bíblica, como se encuentra en todos sus numerosos cuadros dedicados a la historia de Judit. El amplio turbante de Abra, recreado con varias tonalidades del bianco y del amarillo, muestran inconfundiblemente los signos del aprendizaje desarrollado en el taller de su padre, Orazio Gentileschi.
La crítica no está segura de la datación del cuadro, ubicándose verosímilmente hacia el inicio de la estancia de Artemisia en Florencia. La composición de la escena presenta una gran semejanza con la Judit y su doncella conservada en la Galería Nacional de Oslo, que algunos historiadores del arte atribuyen a la mano de Artemisia, mientras que otros lo hacen a la de su padre Orazio.


Fuente: Wikipedia

Judith y su sirvienta (1610-1612)


Judit y su sirvienta

Autor: Artemisia Gentileschi
Fecha: 1610-1612
Material: Oleo sobre lienzo
Estilo: Barroco Italiano
Museo: Museos Vaticanos
 
Artemisia Gentileschi pintó en varias ocasiones el tema de la heroína bíblica Judit, quien para salvar a Israel sedujo y asesinó al rey que los asediaba, Holofernes. El momento elegido en esta escena no es el de la degollación, como podemos ver en Judit y Holofernes, de la misma artista. Aquí el asesinato ya se ha cometido y Judit trata de disimular la cabeza del muerto en una cesta para huir junto con su sirvienta del campamento del ejército enemigo. El tema de la mujer fuerte defensora de sí misma y de su pueblo es muy habitual en la pintora romana, pero también en la historia del arte. De hecho, el símbolo de Florencia, ciudad donde trabajó la artista, es Judit, como la república que se libró de la tiranía. Sin embargo, igual de tradicional es el rechazo que la imagen ha provocado en la crítica del arte, ejercida habitualmente por varones. Acerca de la hermosa Judit forjada por Donatello, emplazada en la Señoría de Florencia, todo un símbolo de la ciudad, Filarete pidió que fuera retirada porque "Judit es una mujer diabólica... y no está bien que una mujer mate a un hombre". Ya en el siglo XX, un historiador de la categoría de Longhi llegó a exclamar de este cuadro en concreto: "Ma questa é la donna terribile! Una donna ha dipinto tuttoquesto? Imploriamo grazia." La elocuencia del italiano no es necesaria traducirla.
 
 
Fuente: artehistoria

Lucrecia



Lucrecia

Autor: Artemisia Gentileschi
Fecha: 1621
Material: Oleo sobre lienzo
Estilo: Barroco Italiano
Museo: Palazzo Cataneo-Adorno
 
Las enseñanzas del tenebrismo que Artemisia había tenido ocasión de aprender en Roma, de mano de Caravaggio y de su padre Orazio, se muestran en todo su esplendor en este lienzo dramático. Un fondo oscuro amenazador parece abalanzarse sobre la poderosa figura de la reina Lucrecia. Lucrecia es una figura mítica de los orígenes de Roma. Violada por su cuñado Tarquino, el último tirano de Roma, se suicidó ante la deshonra para evitar que su marido y toda su familia se batieran en una guerra que acabaría con el recién creado reino romano. Su gesto tuvo como consecuencia el derrocamiento de Tarquino por la vileza de su acto y de este modo se inauguró la República. Lucrecia está sola en sus aposentos, con las ropas desordenadas. Con gesto crispado y decidido, algo teatral, sujeta su pecho con una mano mientras con la otra agarra fuertemente el puñal con el que va a poner fin a su vida. El tema de la mujer capaz de morir por defender su honor fue muy querido por Artemisia, acusada durante toda su vida de desórdenes y libertinaje, lo cual determinó que en su carrera artística eligiera siempre como heroínas a figuras fuertes y determinantes en el devenir de la historia.
 
 
Fuente: artehistoria

Retrato de un Confaloniero (1622)


Retrato de un confaloniero

Retrato de un confaloniero (en italiano, Ritratto di Gonfaloniere) es un cuadro de la pintora italiana Artemisia Gentileschi. Es una obra datada en 1622. Mide 208 cm de alto por 128 cm de ancho. Actualmente se conserva en el Palacio de Accursio de Bolonia (Italia).

Artemisia Gentileschi tuvo, en vida, fama de excelente retratista. El género del retrato, junto al del bodegón, era por otro lado considerado de los más adecuados a las mujeres que ejercían el arte de la pintura.
El interés de este lienzo, firmada y datada por detrás, radica en el hecho de que es el único retrato existente que se puede atribuir con seguridad a la pintora romana.
En este cuadro Artemisia no defrauda las expectativas derivadas de su fama, considerándose en su estado definitivo como «uno de los ejemplos más sensacionales de la retratística caravagista».
Un confaloniero es el hombre que lleva el confalón, esto es, la bandera, estandarte o pendón. El título del cuadro deriva de la presencia, a la derecha, de un confalón que se inserta en la escena. El caballero lleva sobre el pecho la cruz de la orden de San Mauricio, que luce una preciosa armadura, con una banda verde puesta de través y una elegante gorguera almidonada, hace buena muestra de sí, complaciéndose de su propia posición social. El confaloniero posa su mano, con afectada postura, sobre una mesilla. Sobre ella se vislumbra una opulenta cimera emplumada.


Fuente: Wkipedia

La conversión de Magdalena (1615-1616)


La conversión de la Magdalena

Autor Artemisia Gentileschi, Hacia 1615-1616
Técnica Óleo sobre lienzo
Estilo Barroco
Tamaño 146,5 cm × 108 cm
Localización Palacio Pitti, Florencia, Italia

La conversión de la Magdalena (en italiano, La conversione della Maddalena), es un cuadro de la pintora italiana Artemisia Gentileschi. Fue ejecutado hacia 1615-1616. Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo, que mide 1,46 metros de alto y 1,08 m de ancho. Actualmente se conserva en el Palacio Pitti de Florencia (Italia).
La representación pictórica de María Magdalena penitente y la de la conversión de la Magdalena cubren un espectro iconográfico muy vasto, pudiendo el artista acercarse a estos temas de modos diversos, manteniendo el equilibrio necesario entre la sensualidad de la pecadora y su ascesis espiritual del arrepentimiento.
Tiziano, en su famoso lienzo también conservado en el Palacio Pitti, había pintado a una Magdalena decididamente sensual, con un procaz seno descubierto, sólo tapado en una pequeña parte por los larguísimos cabellos rubios, que reclamaba la verdad de su arrepentimiento con los ojos llenos de lágrimas dirigidos al cielo.
En esta Magdalena de Artemisia Gentileschi, el contraste entre la sensualidad y la fe se resuelve de modo menos provocativo. Es cierto que la santa tiene el aspecto de una mujer atractiva, elegante como podría ser una dama de alto rango, con una suntuosa vestimenta de seda amarilla (obra inconfundible de lo que Roberto Longhi llamaba «el guardarropa de los Gentileschi»); unas ropas de amplísimas telas, con un generoso escote que, con despreocupación, muestra apenas la desnudez de una espalda y la arruga del seno. Nada hay especialmente provocativo, tanto más que de la ropa lujosa apunta un pie desnudo, símbolo de un propósito de renuncia; propósito que la postura de las manos confirma, una sobre el pecho, como en el acto de reconocer sus pecados, y la otra estirada para esquivar alguna cosa que a duras penas se entrevé en las sombras. Se trata de un espejo, símbolo por antonomasia de la vanidad. Sobre su esquina se leen las palabras del Evangelio según Lucas: «OPTIMAM PARTEM ELEGIT,» ha elegido el mejor partido, el de la búsqueda del Señor.
El rostro, rodeado de rizos un poco desordenados de los cabellos, aparece más triste que distraído, y la mirada parece aún dudar antes de volverse hacia lo alto. La composición del cuadro, con la figura que sale del vacío del fondo de una estancia, es decididamente caravagista. Pero mientras que Caravaggio, con su Magdalena conservada en la Galería Doria Pamphili, había presentado a una prostituta, con la mirada bajada, las manos en el regazo, sentada sobre una modesta silla y las joyas abandonadas sobre el pavimento desnudo, el verismo de Artemisia no llega aquí a tanto. A conferir un aire aristocrático a la figura contribuye también la poltrona finamente trabajada sobre la cual se sienta la Magdalena.
Sobre un lado del respaldo de la silla la pintora ha puesto su firma: «ARTIMISIA LOMI».
La tela pertenece, según la opinión generalmente concorde de los críticos, al período florentino y es verosímil que el aspecto elegante y aristocrático de la santa esté influido por los gustos artísticos de una Florencia que, en aquellos años, apreciaba particularmente los modos pictóricos de Cristofano Allori.

Fuente: Wikipedia

Susana y los ancianos (1610)



Susana y los viejos

Artemisia Gentileschi, 1610
Una denuncia de Artemisia Gentileschi al acoso sexual
Susanna e i vecchioni
170 × 121 cms.
Castillo Weissenstein

La indiscutible dama del barroco italiano vuelve a denunciar los abusos sobre su género mediante la historia de Susana y los Viejos.
Según la Biblia (Libro de Daniel), la casta Susana se estaba dando un tranquilo baño cuando dos viejos verdes fueron a proponerle cosas deshonestas. La chica rechazó a los babosos, pero estos decidieron denunciarla por adulterio.
Cuando la iban a lapidar, el profeta Daniel descubrió el engaño y fueron los viejos los que acabaron apedreados.
Como sabemos, Gentileschi sufrió una violación de joven y desde entonces canalizó sus deseos de venganza por medio del arte. Aquí no vemos el gore de otras de sus obras, pero sí el acto de violencia que supone el acoso de los dos viejos (que además eran jueces). Recordemos que la artista sufrió además de la violación un humillante juicio.
Tampoco se ve aquí una excesiva influencia de Caravaggio, pero la escena es de lo más tétrica y muestra a la perfección la repugnancia de la chica y el comportamiento desagradable de los viejos, pudiendo verse en gestos, poses y composiciones anatómicas.
Por ello este tema fue tratado por numerosos artistas, desde Rembrandt o Rubens, a Franz Stuck.


Fuente: Historia-Arte